Formas fluidas en arquitectura

Las formas fluidas se han convertido en un principio definitorio en la arquitectura contemporánea. Las transiciones suaves, los volúmenes redondeados y las líneas continuas reemplazan las composiciones rígidas y los contrastes marcados. En lugar de dividir el espacio, estas formas lo conectan, creando interiores que se sienten más calmados, equilibrados y visualmente coherentes. 

Este cambio refleja un movimiento más amplio hacia espacios que se perciben menos materiales y más intuitivos. La arquitectura contemporánea ya no habla en un único lenguaje formal, sino en múltiples expresiones, desde la geometría estricta hasta la continuidad fluida. La fluidez no es un reemplazo de la estructura, sino una expansión del lenguaje arquitectónico, una expresión dentro de un espectro de diseño más amplio.

Galería Roca London, diseñada por Zaha Hadid Design

De la forma estática a la experiencia espacial

Durante mucho tiempo, la arquitectura se entendió como algo estático. Las líneas rectas, los ángulos rectos y los volúmenes claramente definidos proporcionaban orden y claridad. Los edificios se diseñaban para ser observados, como composiciones que podían comprenderse de un vistazo.

Con el tiempo, sin embargo, quedó claro que el espacio no se revela en un solo momento, sino que se despliega gradualmente. La arquitectura se experimenta a través del movimiento: acercándose, entrando, usando y saliendo. Esta comprensión formó la base para una forma diferente de pensar sobre la forma.

La forma como un continuo

El trabajo de Zaha Hadid marcó un cambio fundamental en este pensamiento. Sus primeros estudios presentaban la arquitectura no como un ensamblaje de elementos separados, sino como un gesto único y continuo. La geometría parecía fluir, estirarse e inclinarse, permitiendo que el espacio se experimentara como dinámico y en evolución.

Este enfoque fue durante mucho tiempo considerado confrontacional y difícil de realizar. Precisamente por esa razón, expandió el vocabulario arquitectónico. La forma, el movimiento y el espacio se volvieron inseparables, transformando la arquitectura de un objeto en una experiencia.

ELEEZ by Zaha Hadid Design

El espacio se experimenta a través del movimiento

Las formas fluidas no pueden comprenderse completamente solo a través de dibujos o renderizados. Su calidad se revela en el uso. En la manera en que un espacio no impone una dirección, sino que sugiere una secuencia. En la forma en que las transiciones se suavizan y el movimiento se siente natural.

La arquitectura se convierte en una sucesión de momentos, moldeados por la proximidad, el tacto y el movimiento. Y es precisamente en estos momentos donde el diseño se vuelve tangible.

El primer tacto

En 0,3 segundos, el cerebro forma un juicio sobre la calidad. Este juicio se basa en el peso, el equilibrio y la retroalimentación táctil, antes de que el material o los detalles se perciban conscientemente.

En los interiores, este momento ocurre casi siempre al entrar. La mano que se extiende y abre crea el primer contacto físico con el espacio. Los herrajes de puerta actúan como la interfaz entre la arquitectura y el usuario. Pequeños en escala, pero decisivos en la experiencia.

Cuando el diseño se siente sin esfuerzo

Un objeto bien diseñado no requiere explicación. La mano entiende instintivamente cómo interactuar con él. La forma apoya el movimiento, el equilibrio se siente natural y la interacción se desarrolla sin resistencia.

Es precisamente en esta naturalidad donde el diseño fluido revela su fuerza. No a través de un énfasis visual, sino a través de la calma y la coherencia. Lo que queda no es una imagen, sino una experiencia que se siente correcta.

ELEEZ by Zaha Hadid Design

Esta forma de pensar se materializa en ELEEZ by Zaha Hadid Design. El diseño está inspirado en el movimiento en espiral de una hélice, traducido sutilmente en una intervención curvilínea dentro del volumen cilíndrico del asa. La geometría sugiere movimiento sin imponerlo.

La expresión escultórica y la claridad funcional están completamente integradas. La mano sigue naturalmente la forma, el movimiento se desarrolla sin fricción. El objeto se experimenta como una acción más que como una declaración.

Arquitectura que se puede sentir

La arquitectura no termina con lo visible. También mide la manera en que se entra en los espacios, cómo se sienten las superficies y cómo se guía el movimiento. Cuando la forma, el equilibrio y el material se unen, emerge la coherencia sin necesidad de explicación.

El primer punto de contacto con el espacio no es un detalle menor, sino parte de la narrativa arquitectónica. Y cuando esa narrativa está resuelta, se siente al instante.

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